¿Os acordáis de esos veranos de críos donde creías que conocías a tu mejor amigo para toda la vida?
Luego pasaban cuatro días y aquí paz y después gloria.
Pero qué mal.
Como le decía a María D.L.P. cuando se fue llorando de la ciudad que la vió cambiar, qué gusto que te de pena despedirte de los sitios ¿no? Qué tiempo desperdiciado si no se queda una parte de tu alma en la ciudad que pisas.
Y ahora ella enamorada. Puede que sea el verano más extraño de su vida. Cómo no va a enamorarse si estuvo viendo un eclipse en su cielo mientras sonaba "All night long" de fondo, después de visitar la tienda de chuches más grande que ha visto nunca. Quemeloexpliquen.
Ha hecho un calor asfixiante en los asfaltos, por eso le invitaba a los bares, a los conciertos al aire libre, a las cervezas improvisadas, a esconderse del sol debajo del viaducto de Segovia.
Qué dulces las noches recién acostada y sudando. Qué dulces las despedidas de los que no han vuelto ni la volverán a ver sonreír con los ojos. Qué suerte.
Está enamorada porque a pesar de visitar el cielo y probar las aguas atlánticas; ella siempre la estaba esperando, en el centro, paciente. Sin envidia alguna. Sin temor a ser reemplazada. Constante.
Ha llegado septiembre y claro. Ella es la realidad, y la realidad nunca se la espera, ni se la quiere ver. Y quien diga lo contrario miente.
Anoche le brindó una velada espectacular, baile, sudor y agua salada en las mejillas.
Empieza la cuenta atrás porque se tienen que despedir.
De momento, esta noche, le está purificando el alma y es que hoy ha empezado a caerse su cielo. Relámpagos y rayos. La penúltima tormenta de verano. Y es que no hay nada que el agua no limpie. Sólo hay que dejarse mojar.
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| He traído cerves para todos :) - Marta Rózpide |
