No recuerdo la última vez que dije mi nombre, no recuerdo mi nombre. Solía vivir, joder. La primavera me ha cogido por sorpresa y es que el invierno estaba pesando demasiado. El frío de mis manos y pies es por culpa del maldito corazón que no siente ni bombea, no le echemos más la culpa al tiempo. Todos queremos libertad, pero ni hacer lo que quiero en cada momento me la da. Difícil de explicar. La soledad, supongo. La quietud da miedo. El miedo a la quietud. Todo está tan tranquilo que asusta. No sé quién dijo que el silencio era el grito más fuerte, pero a mi me lleva doliendo el alma bastante ya. Que al menos parta un rayo ese árbol. O mis esquemas. Por favor. Lo peor es que estoy aquí por mi propio pie, yo elegí mi camino y ni siquiera mis propios pasos me han sabido llevar. ¿Y pretendemos que lo haga otra persona? ¿No os pasa que las conversaciones de la gente os aburren? Llevo aburrida meses. Ya no me importa. Bueno, sí. Pero digo que no.
Ni si quiera sé lo que busco, lo que creo. Ni si hay algo en lo que creer. Qué putada que sólo me atraiga lo raro. Qué putada que la definición de raro sea "poco común o frecuente", pero no olvidemos que también lo es "extraordinario".
Sin embargo, me levanto y lucho, me levanto y grito aunque no me oigas, porque aún tengo cosas que decir, y aún no me he dado por vencida. Y en cierto modo sé que algún día me tocará a mi decir eso de "vini, vidi, vici".
¿verdad?
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