He estado en este punto exacto, mirándote a los ojos, jurándome que no lo iba a hacer, y sin embargo, lo hice.
Pero no sé muy bien el qué.
Vuelvo a donde empecé.
Colgada de la sonrisa y de la aventura que te dio el nombre.
Reflexionando sobre los dos polos de la pila.
No he parado de hablar estos últimos cien años de lo que nos conviene y de lo que no y tal.
Y a mi el polo negativo es que me abruma, me angustia y me da pereza. Lo repelo y no hay atracción ninguna. Lo de la gente gris y eso. Pero en verdad, sigo sin tener ni puta idea. La única conclusión a la que hemos llegado estos últimos días, N y yo, es que lo que no solo es importante sino también necesario es querer y querer y joderte la vida queriendo.
Porque pa’ que quedarte en ti mismo encerrao’ que contigo ya estás toda la vida.
De verdad que no lo entiendo. Y no entender es estar en un laberinto infinito buscando el maldito traslador que me lleve al sitio al que quiero llegar.
Pero bueno.
En realidad me vale estar con N filosofando un ratito más en la cocina sobre la suerte que tenemos y lo maravillosa que es la vida mientras disfrutamos del rosado y de la rubia.

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