Mi corazón es pirata, y estas palabras, puñales.

sábado, 20 de octubre de 2018

Los últimos deseos

Me gustaría - quizás gustar no es la palabra exacta, que sintieras lo que yo siento.
La duda infinita que supone que esté siempre alerta, contemplando, cuál será tu siguiente paso. Qué estarás pensando ahora.
Ojalá comprendas que hay veces que vienes a buscarme y no quiero ser encontrada. Te apareces sin aviso, tambaleas mi piso. Como en la peli de alienígenas que vimos en tu sofá, ¿sabes?
Ojalá entiendas que hay veces que quiero que vengas, me abraces y no digas nada y me aprietes contra ti.
Pero si soy sincera, me molesta este ir y venir de los planetas en órbita. Cada vez más cerca, cada vez más lejos. Quédate un día más, por favor. Lo entiendes, ¿no?
Lo que tú no entiendes es el desgaste, el dolor, la agonía, la espera, la confusión, el vacío que dejas cuando vienes y te vas, el espacio para el abrazo. Abrazo que pospones. Abrazo que prometiste y no cumples.
Y yo voy cumpliendo años, y otra vez me gustaría que vieras lo que ven mis ojos. Cómo se retuerce mi alma cuando aparece en mi boca la palabra decepción, cuando sé que el punto de no retorno está al caer.
Ay, corazón, ojalá me entiendas cuando te digo esto sin reprocharte, sino por egoísmo puro. Como último intento de que quizás, de que ojalá, no te desvanezcas y esto termine por funcionar. O esto termine.

Lago Léman by Carlota Bennasser

sábado, 13 de octubre de 2018

metafísica de nuestros yoes

De mi garganta ya no sale mi voz quejumbrosa.
Hice de tu mente mi averno particular porque nunca entendí gran cosa.
Y cuando dejé de reprocharte, de estamparme contra la pared de mi habitación, por fin comprendí que hay personas que no están hechas para entenderse. 
Nos hemos empeñado, con todas nuestras fuerzas; culpa mía y culpa tuya - poco importa en realidad - en que el otro fuera una proyección de lo deseado. Pero ninguno de los dos lo somos. Se ha desgastado con el calor, y ha llegado nuestro particular invierno. 
No quiero que caigamos en la trampa de que en realidad no nos quisimos, porque claro que nos queremos. De hecho, me aventuro a pensar que es difícil que soportemos la ausencia del otro. El diagnóstico no es un corazón partío, sino más bien una lección de aprendizaje, una ingente cantidad de información a disposición del consumidor. Las hojas se caen de los árboles, se deslizan por su tronco y aterrizan suavemente para morir en el asfalto. Y esto es un poco lo que nos ha pasado a nosotros: florecimos, fuimos increíbles y bellos pero la certeza más obvia es la muerte. Una especie de caída dulce y acolchada sobre una realidad algo difícil de digerir, pero nunca insoportable.
Te he esperado en un banco sentada con la esperanza de que vinieses corriendo entre el gentío a plantarme un beso. Romántica.
Sin más, he optado por levantarme. 

viaducto de Segovia, Madrid