No culpo a la luz por no ser precisa sino a mi misma por no querer prestar atención a las señales. Y es que solo me vienen visiones de tu culo. De mi culo contra tu cuerpo. Bueno, de esas cosas, ya sabes.
A veces he intentado enterrarte sin éxito, en el fondo más fondo del subconsciente pero solo me lleno las manos de tierra, las uñas de tierra. Quiero decir, que pese a un esfuerzo racional de cumplir tus órdenes para no enamorarme de ti, caigo siempre en el espacio en blanco que nos separa, en el continente que me obliga a imaginarte. Y creo que, justamente por eso, me vienen imágenes de tu culo.
Dice el cielo de HK que voy a respirar polvo y que me acostumbre a la tos y a mi pecho encogido. Pero el cielo de HK no sabe que el no poder respirar no es la primera vez que me ocurre. Que en parte, me he acostumbrado a vivir sin aire.
Entiendo que no sea yo quien ocupe el pensamiento de una mente tan abarrotada como la tuya; ya que yo no suelo saber hacer frases elocuentes, no hablo de forma coherente, no he ido al último concierto de cierta música del este de Europa y tampoco sabría recomendarte un buen sitio de ramen en Madrid, ni siquiera en HK. Tampoco sé perrear aunque sí disfruto contoneándome en los sitios esos a los que tú odias acudir.
Pero, papá, sí que estoy orgullosa de una cosa: de que mi corazón no tiene sino buenas razones.
Y no todos pueden decir lo mismo ¿verdad?
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