sí, yo, sí, soy yo la culpable de tus excesos, que vengas a hurtadillas a besarme con pasión luego lento luego rápido. a hacerme el amor y a beberme a morro, a no dejarme descansar ni una sola noche de las que pasamos, disfrutarnos juntos, desnudarnos juntos, perdernos juntos, que el sudor empape cada una de las camas en las que hemos dejado huellas de nuestro amor. que las caricias y las garras sean pruebas de esta nuestra guerra, nuestro amor, y esta cama, nuestro campo de batalla. qué bonito parece, pero bonito no es la palabra para describir lo que mejor sabemos hacer.
quizás sea mágico, quizás salvaje. o simplemente nuestro.
que el aliento que yo respire sea el aliento que tú expulsas un segundo antes de tu boca, que tu boca venga y me re-corra, sin decir apenas palabras, porque el lenguaje de nuestros cuerpos lo dominamos a la perfección, que las noches se hagan largas, como mis piernas o como tus dedos. y dulcemente y justo en el clímax, nos abracemos fuerte; imposible describir esa sensación en la que formamos un mismo cuerpo, un yo y tú o tú y yo, un tuyo, un nuestro.
compartimos en estas nuestras madrugadas, en flujos de pasión, todo lo que queremos, todo lo que amamos y deseamos, que no es más que una noche más como la que acabamos de presenciar; que ya no queremos salir de borrachera si no de luna llena.
Qué ojos tan preciosos.
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