Mi corazón es pirata, y estas palabras, puñales.

miércoles, 1 de agosto de 2012

nadar en la nada

Bienvenidos al dulce caos de la nada, porque haber no hay nada, un verano en Madrid es como un invierno en la playa. Miento; los inviernos en la playa están para que vengas y me arropes. Pero aquí no hay nada, no estás tú, no están ellas, todos se han despedido hasta septiembre, hasta la puta rutina de siempre, septiembre. Sin más, ahora hay menos. Calor, aire acondicionado, frío, calor. Y así. No hay ni mensajes en el contestador, ni el móvil, nada. Aquí el caos está representado por el desorden del escritorio: pintauñas, Aquarius, pañuelos, pipas, libros, cuadernos... resumen: nada. Sólo silencio, o el disco de Zahara sonando en Spotify, casi nada. Ahora me quejo, pero cuando llegue el ritmo frenético del todo en época de Universidad, echaré de menos la nada.

El amor SI es la ostia.

23.52; la noche ya resulta más difícil si es sin él, pero sin él tiene que ser, él responsable de todas y cada una de las espinas que tenía clavadas en el pecho, que la desangraban por dentro, la presionaban y la hacían escupir fuentes de dolor. Dolor, ella se retuerce pensando en cada uno de los momentos felices y llora, claro que llora. Cómo no va llorar si los recuerdos le aplastan el cerebro y llegan hasta el corazón en forma de puñal para exprimirlo. Piensa que quizás sólo sea una etapa, pero cada madrugada la explosión de nostalgia llega para llevárselo todo, cualquier esbozo de felicidad se ve desgarrado en su interior, su mente se cohíbe y  tan sólo siente la necesidad de gritar. La rabia le consume pero no tiene apenas fuerzas para afrontarlo, para ser racional, la tormenta de pensamientos vuelve a descargar en ella sus relámpagos más fuertes. Debilidad. Ya no quedan más lágrimas, sólo siente el dolor otra vez, agudo, punzante, se hace un ovillo en su cama pensando que así pasará más rápido, pero esa puta ráfaga de recuerdos de él vuelve otra vez para quedarse. Qué lástima. Qué lástima que las cosas felices, que en aquél  momento parecían de hierro, estables, resulten ser de cristal y ahora no hagan más que cortar provocando heridas que no cicatrizan.
Y en este punto, tan sólo en este punto, es cuando ella piensa que el amor NO es la ostia.