Mi corazón es pirata, y estas palabras, puñales.

jueves, 2 de abril de 2015

Cuando se elige no elegir

Cuando no se elige, cuando se elige no elegir. Lo que no tiene explicación, lo que nadie entendería y sin embargo lo ves muy claro. Entender que hay cosas que es mejor no darles vueltas, que la vida ya dará las suyas. 
De repente estás a gusto así, de repente decides dejar de pensar y ceñirte al momento que tienes delante. A todo lo maravilloso que es. A lo que es. La tranquilidad del sin más, de las no consecuencias o del sol en primavera. La soledad viene a veces y no importa. Por qué iba a hacerlo. Por qué ha de hacerlo. 
El ruido de las obras de la calle no molesta, la lluvia no molesta, el frío no se siente. Se siente no habernos dado cuenta que las cosas son fáciles que a veces simplemente no tienen axioma ni teorema ni un algoritmo que las defina, que solo hay que creer. Encargarnos de hacer que lo que tenemos, que lo que sentimos, nos haga más libres. 
El alivio de lo liviano que es no darle importancia a las cosas que no tienen por qué tenerla. Y es que la libertad no está en elegir, si no en no tener que elegir. 

Presentame a nadie, por fa

Al parecer lleva mucho tiempo darse cuenta de lo que buscamos en la vida, lo que necesitamos, nuestra dirección, el rumbo del barco.
Poca gente está a gusto con lo que tiene, todos deseamos y nadie sonríe, pero los momentos son ahora y no luego. Claro que qué fácil es decirlo y no hacerlo.

A veces,
las olas no nos dejan mirar con claridad el horizonte, nos entran ganas de vomitar y claro, todo lo que ya habíamos digerido de pronto nos revuelve el presente, nos ahoga y hunde.

Qué injusto,
Más injusto es que seamos millones de personas y todos estemos solos.

Nadie conoce a nadie. 
De verdad. 
Todo nos acaba sorprendiendo y nadie nos enseña el alma, pero ¿quién es nadie? Ojalá fuera una persona. Esa con la que hasta la luna sueña.


Solo sé que no es el sol, que todos andamos enamorados de él, pero quema. Que la lluvia entristece sí, pero al menos limpia.