Mi corazón es pirata, y estas palabras, puñales.

lunes, 11 de mayo de 2015

la casa

Tu casa. Lo que era tu casa. Las paredes los muebles las cosas. Y sin embargo, no era la casa. Lo que parecía pasajero acabo pasándose y posándose sobre lo que ahora son telas de araña en la ventana. A través de las que nadie se detuvo a mirar sin tiempo sin control sin pararse. A mirar. Para que. Y aquí estamos rotos, los cristales rotos las copas rotas las almas. Diciéndonos que todavía nos quedaba un rato. Convenciéndonos de que un ratito más nos esperaba a la vuelta de la esquina, el martes noche o el domingo por la tarde. Y sin embargo, otra vez nos tuvimos que ir. La casa no es, pero era la casa. Los trozos después del destrozo, el desgarre. La parsimonia, las vueltas. Los días eternos la gente eterna mis piernas eternas tu sin estar entre ellas. La decadencia. Todo y nada, el todo por el todo, y ahora, la nada. El pensamiento en la mente en blanco, las vueltas. La sangre que corre, más lento que el tiempo, el tiempo parado. La ciudad parada. La casa parada, tranquila y en silencio. Como nunca. Se podía palpar en el ambiente, coger entre los brazos, guardar entre las piernas o en el pecho, masticar con fuerza. Y ahora el aire. Que respiro. Sigo respirando y tú sigues respirando pero no del mismo aire. Solo hay aire. La nada. Mi pecho encogido y mis ojos color luna. Luna menguante. Pequeña como yo, largas las horas como largas mis piernas. Igual de vacío que esta copa. Igual de vacío que la maleta, que la calle. Que la casa. La casa que fue. Se fue. 

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