No es casualidad que tu nombre empiece por la misma letra
que nebulosa. En la que vives. Y es difícil ver a través de ella. Pero
allí estas, seguramente en una esquina, a gusto, tomándote un té. Acurrucadita
enlazando tus brazos a tus piernas. Porque eres como el sol de invierno, que
nadie da por sentado, y todos esperamos ansiosos. Eres verano en cuerpo de
invierno. Sobre todo aquí. Donde nos conocimos. Entre montañas. Las que llevas
escalando sin cesar desde que te dieron ese empujón hacia el infinito, ese par
de piernecitas que sin pensarlo se patearían la muralla china. Llevas más
kilómetros a tu espalda, de los que muchos tendremos el placer de poder contar.
Mas historias y aventuras que una canción de Sixto Rodríguez.
Para muchos, eres también religión y no por fanatismo,
nada más lejos, si no por cómo eres casa y hogar y haces mecer con tus manos
nuestro alma, cualquier hora del día y cualquier día de la semana. De ti podría también mencionar como el paseo del lago, con la
brisita helada, da un calor que amenaza a los polos. Los osos me han dicho que
están asustados, que tienen miedo de que alguien pueda fundir los entornos tan
rápido. Eres cambio climático.
Otra cosa que haces, casi sin querer, o al menos conmigo,
que soy como tu yo en mi yo, o esa es la impresión que tengo; es sacarte el
corazón del pecho, agarrarlo con las dos manos y entregármelo. Sin más, tu
órgano más vital a la intemperie y entre mis brazos. Y es un regalo precioso,
pero ¡qué responsabilidad! Lo haces con tanta confianza que da miedo. Dan ganas
de guardarlo en una cajita y conservarlo para curarlo, pero está mucho mejor
bailando al ritmo de cualquier canción a las tantas de la mañana. O
alimentándose de la rubia bajo la luna y de cara al mar. Asi que lo dejo salir corriendo, a la velocidad
de la luz. De tu luz. Y claro, luego normal que se queme.
Lo que creo que no sabes, o estás dándote cuenta muy poco
a poco, es que también eres tsunami, eres ola que vibra, que besa la orilla, y
no para de intentar quedarse un poquito más en tierra. No se rinde. Eres isla
en este continente que muchas veces carece de contenido. Eres persona y eres. Y
ya está.
Pero de lo que estoy cien por cien segura, de verdad, de
la buena, es que no es casualidad. No. Esto no ha podido ser casualidad. Imposible.
J
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| Y no sé, no he hablado de tu sonrisa, pero creo que, mejor simplemente disfrutar de ella- ay el verano en Genève ...! |

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