Mi corazón es pirata, y estas palabras, puñales.

martes, 27 de julio de 2021

To be continued

¿Sabéis esas imágenes en las que, sin razón aparente, colapsa una carretera o un puente en no sé qué pueblo de Massachussets?

 

Pues me ha pasado. Ahora estoy a un lado del precipicio con unos gallumbos tuyos y unas deportivas de secado rápido y nosequéhistorias.

 

Me siento tan lamentable qué todavía ni me lo explico. Como si me hubieran empujado al vacío mientras vivía en el País de las Maravillas.

 

Me acuerdo de todo el tiempo que teníamos y que no hacía falta darse prisa, del viaje a NYC y me hago pis encima.

 

Me pensaba que a la decimoquinta vez que a una le parten el corazón duele un poco menos, pero yo voy por la séptima y os juro que duele igual.

 

Qué puto asco que encima hayas sido tú, que eres lo más maravilloso que me ha ocurrido jamás. – si ya sé, todas las veces son maravillosas, pero, en serio, esta vez lo era-

 

Siento que me repito pero, ¿qué se hace con todos los litros de amor que me quedan por sudar? ¿El amor se llora?

 

Porque no sé qué hacer con los gallumbos, la cuenta de Spoty, el nombre de los hijos, el viaje a Granada; ocupan todo mi jodido cuarto, mi casa, mi coche, mi móvil y es que no sé qué hacer con todo ello.

 

Que alguien me dé un golpe y se me olvide que te quiero más que a nada, que me encanta tu cara y cómo me miras.



jueves, 23 de mayo de 2019

Salinas

¿Qué se hace con todo el amor que tengo guardado aquí?

Me escuecen las mejillas.

Ni siquiera puedo llorar en voz alta, me ahogo en esta ciudad del polvo.

Te imagino impasible, cómodo en la misma posición, algo alejado de donde estabas antes pero cómodo aún así.

Yo, sin embargo, me desgarro frente a ti porque no me ves. Pero es que nunca me has visto.

Soy humo.

Duro aproximadamente un minuto en tu vida, y tu te desarrollas en la totalidad de la mía.

Mi mente es un estercolero donde solo me vienen recuerdos de lo que ha dejado de ser. ¿Acaso fue?

Qué tortura, colega. Tantos instantes en los que me empeñé en estar a la altura, en crecer, en que me vieses, en ser vista; y sigo sin ser notable. Me duelen los pies de estar de puntillas.

Me doy tanta pereza que me duermo sólo de pensar en mí. A ver si viene un dinosaurio y me come.

Duele como cuando tragas agua salada y te arden los pulmones. Duele como saber que tú y yo nunca más follaremos en el mar, y nunca visitaremos Granada.



Brillando con highlighter.










martes, 2 de abril de 2019

From Hong Kong, with love.

he creado un lugar, un espacio incómodo donde tú te clavas las costillas, donde mis clavículas te hacen daño.
y me siento culpable.

pero si te digo que solo quiero observarte, quedarme cerca en silencio y cogerte de la mano, pensarás que estoy loca. que los chicos de hoy en día ya no se cogen de la mano.
no me cabe en el pecho las ganas que tengo de verte, de arrancarte la ropa y de corrernos juntos.

me he llenado las uñas de tierra intentando enterrarte. imposible.
me duele el pecho de esforzarme en seguir respirando en esta ciudad de polvo. 
que aunque tenga prohibido enamorarme de ti me sigo cayendo en el hueco que nos separa.

te escribo a ti aunque no me vayas a leer. quiero decirte en voz baja que tengo miedo. que me da miedo no pertenecer al espacio y al tiempo que te rodea ya más. que me encantaría permanecer eterna.

que al mismo tiempo no soporto que me revienten las tripas mientras te veo a ti inerte, impasible, sin mirarme y sin verme. dejo de notarte al otro lado poco a poco. te desvaneces y aparece un dolor aún más fuerte, la indiferencia, el olvido.

intento recordar tu voz y me desmayo en el esfuerzo, confundo los días, sobre todo las noches.

en definitiva:
te quiero, aunque me insistas en no hacerlo.

Victoria Peak - Hong Kong

jueves, 24 de enero de 2019

Parpadeo

La luz parpadea como queriendo augurar un peligro inminente. La costumbre hace que apenas me fije en si es un parpadeo distinto al que ya venía haciendo de un tiempo a esta parte. ¿Quiere avisarme de algo?

No culpo a la luz por no ser precisa sino a mi misma por no querer prestar atención a las señales. Y es que solo me vienen visiones de tu culo. De mi culo contra tu cuerpo. Bueno, de esas cosas, ya sabes.

A veces he intentado enterrarte sin éxito, en el fondo más fondo del subconsciente pero solo me lleno las manos de tierra, las uñas de tierra. Quiero decir, que pese a un esfuerzo racional de cumplir tus órdenes para no enamorarme de ti, caigo siempre en el espacio en blanco que nos separa, en el continente que me obliga a imaginarte. Y creo que, justamente por eso, me vienen imágenes de tu culo.

Dice el cielo de HK que voy a respirar polvo y que me acostumbre a la tos y a mi pecho encogido. Pero el cielo de HK no sabe que el no poder respirar no es la primera vez que me ocurre. Que en parte, me he acostumbrado a vivir sin aire.

Entiendo que no sea yo quien ocupe el pensamiento de una mente tan abarrotada como la tuya; ya que yo no suelo saber hacer frases elocuentes, no hablo de forma coherente, no he ido al último concierto de cierta música del este de Europa y tampoco sabría recomendarte un buen sitio de ramen en Madrid, ni siquiera en HK. Tampoco sé perrear aunque sí disfruto contoneándome en los sitios esos a los que tú odias acudir.

Pero, papá, sí que estoy orgullosa de una cosa: de que mi corazón no tiene sino buenas razones.

Y no todos pueden decir lo mismo ¿verdad?

Hong Kong desde Victoria Harbour

lunes, 7 de enero de 2019

Volver

Es la certeza de que algo no va a volver a ocurrir jamás lo que nos rompe. Nos aplaca contra el cristal del mundo real. Nos obliga a observar la vida desde el ángulo dónde más pequeños nos sentimos, obligados a mirar.

Destaparte la venda te libera de un peso, pero casi puedes tocar con los dedos el dolor.

Ya lo he explicado en anteriores ocasiones, la duda es la esperanza: el querer que ocurra, el imaginártelo nos mantiene en vela, nos mantiene vivos. Y perderla, escuece. 

Irónico, la tranquilidad de lo certero es sólo a cambio de un vacío en el pecho. Es igual de doloroso que de pacífico, claro. Porque el sinvivir se convierte en un placaje físico que únicamente nos demuestra que teníamos razón en dudar desde, más o menos, el principio. Razón que no queríamos poseer.

Pero lo que también es certero es el cambio. Y todos cambiamos y volvemos. Volver. Con la frente muy alta y el rosa en las mejillas.

Y si no vuelvo es que me estoy muriendo.

Fangoria iluminando el camino - Madrid




sábado, 20 de octubre de 2018

Los últimos deseos

Me gustaría - quizás gustar no es la palabra exacta, que sintieras lo que yo siento.
La duda infinita que supone que esté siempre alerta, contemplando, cuál será tu siguiente paso. Qué estarás pensando ahora.
Ojalá comprendas que hay veces que vienes a buscarme y no quiero ser encontrada. Te apareces sin aviso, tambaleas mi piso. Como en la peli de alienígenas que vimos en tu sofá, ¿sabes?
Ojalá entiendas que hay veces que quiero que vengas, me abraces y no digas nada y me aprietes contra ti.
Pero si soy sincera, me molesta este ir y venir de los planetas en órbita. Cada vez más cerca, cada vez más lejos. Quédate un día más, por favor. Lo entiendes, ¿no?
Lo que tú no entiendes es el desgaste, el dolor, la agonía, la espera, la confusión, el vacío que dejas cuando vienes y te vas, el espacio para el abrazo. Abrazo que pospones. Abrazo que prometiste y no cumples.
Y yo voy cumpliendo años, y otra vez me gustaría que vieras lo que ven mis ojos. Cómo se retuerce mi alma cuando aparece en mi boca la palabra decepción, cuando sé que el punto de no retorno está al caer.
Ay, corazón, ojalá me entiendas cuando te digo esto sin reprocharte, sino por egoísmo puro. Como último intento de que quizás, de que ojalá, no te desvanezcas y esto termine por funcionar. O esto termine.

Lago Léman by Carlota Bennasser

sábado, 13 de octubre de 2018

metafísica de nuestros yoes

De mi garganta ya no sale mi voz quejumbrosa.
Hice de tu mente mi averno particular porque nunca entendí gran cosa.
Y cuando dejé de reprocharte, de estamparme contra la pared de mi habitación, por fin comprendí que hay personas que no están hechas para entenderse. 
Nos hemos empeñado, con todas nuestras fuerzas; culpa mía y culpa tuya - poco importa en realidad - en que el otro fuera una proyección de lo deseado. Pero ninguno de los dos lo somos. Se ha desgastado con el calor, y ha llegado nuestro particular invierno. 
No quiero que caigamos en la trampa de que en realidad no nos quisimos, porque claro que nos queremos. De hecho, me aventuro a pensar que es difícil que soportemos la ausencia del otro. El diagnóstico no es un corazón partío, sino más bien una lección de aprendizaje, una ingente cantidad de información a disposición del consumidor. Las hojas se caen de los árboles, se deslizan por su tronco y aterrizan suavemente para morir en el asfalto. Y esto es un poco lo que nos ha pasado a nosotros: florecimos, fuimos increíbles y bellos pero la certeza más obvia es la muerte. Una especie de caída dulce y acolchada sobre una realidad algo difícil de digerir, pero nunca insoportable.
Te he esperado en un banco sentada con la esperanza de que vinieses corriendo entre el gentío a plantarme un beso. Romántica.
Sin más, he optado por levantarme. 

viaducto de Segovia, Madrid