Mi corazón es pirata, y estas palabras, puñales.

miércoles, 3 de mayo de 2017

After the storm

Un discurso reciente que azota mi cabeza es el de la calma.
La calma. Un descanso del agotador sentir. Causado a raíz de la pereza de la energía consumida cuando todo es tempestad; del temblor de las manos al pronunciar su nombre en público. Sí, puede.
Pero una vez llega, con sus inagotables y ensordecedores silencios, con sus horas muertas, con su maleta vacía de cosas, llena de espacios y momentos. Cuando te das cuenta de lo llana que es la ciudad de Ginebra comparada con Madrid. Cuando incluso el temporal de la lluvia de ahí afuera no crea en ti conflicto alguno. Cuando estás cansado de no volar, como cuando duermes 12 horas y sigues muerto. Justo cuando ya no la necesitamos, la calma se vuelve en nuestra contra. Nos pega una ostia contra la penosidad de nuestra razón de existir y nos grita a la cara que amemos, que nunca dejemos de amar. Que nos tiremos por el puente de Jonction, que nademos a contracorriente. Pero entonces, ¿por qué creemos que deseamos con todas nuestras fuerzas la calma?
Porque estamos solos, y se nos olvida que lo estamos.
Y entonces, buscamos un momento para poder no pensar, para hacer descansar las voces de los monstruos. Pero justo ahí, cuando descubrimos lo solos que estamos en el centro del huracán donde reina el silencio, le chillamos al huracán que nos lleve con él. Que nos acompañe.

los patos durmientes - Lago Lemán photo credit: Car BV



martes, 25 de abril de 2017

Los motivos

Hoy vengo a contaros todos los motivos. Los motivos por los que alejarme viene siendo la mejor elección de un tiempo a esta parte. La historia se divide en tres partes.

Un día, sin previo aviso, me desabroché el corazón. Y pudieron entrar todos. Él, ellos, tú y también tú. Hubo una fiesta espectacular, me crecieron flores, voloteaban mariposas, se paseaban ciervos y demas criaturas salvajes. Tendriáis que haberlo visto. De verdad. Radiaba un sol de mi pecho que cegaba a los linces y fundía los polos. Aquello era descomunal.
Me tiré en paracaídas y se me olvidó accionarlo. Vaya ostia contra el suelo.
De esta lección aprendí que no se puede ir en volandas por la vida, enamorándose una de los cactus y de los murciélagos. Ya avisó Bram Stoker y no quisimos escucharle. Fue uno de los mejores años de mi vida. Creo que era todo verde fosforito y tenía pantallas LED. Aunque lo hubiera sabido me habría vuelto a lanzar al vacío igual. Fue impresionante. La adrenalina me recorría el cuerpo desde por la mañana hasta por la tarde.

Sin embargo, una empieza a apreciar entonces, donde acaban los medios y los finales, a su propia mente y cuerpo. Una se pregunta si merecía tal o tal trato. Una se pregunta porqué no había nadie que ayudase a recoger los cristales en el instante inmediatamente posterior a la caída. Por qué, por qué y por qué.

Pues por que sí. Y en el momento que dejé de buscarle una explicación a todo, fue cuando lo entendí.
Me hice la promesa que nunca más me iban a desnudar el alma si no estaba segura que no pisotearían mi corazón justo después. ¿Soy cobarde? puede. ¿Soy feliz? por supuesto.
Y es que descubrí en el planeta de mis amigos que cinco birras arreglan el mundo y cuatro bailes el alma. Me entregué a ellos completa, como soy yo.
Luego viniste tú que me dijo que no tenía razón, que me echó en cara mi frialdad, mi distancia. Y lo que yo no te dije, no por falta de ganas, sino porque me pillaste desprevenida, fue que mi distancia, mi frialdad y mi corazón de hielo eran sola y únicamente culpa tuya. Que yo para mis amigos era almohada y edredón. Era calor y casa. Y que si tú nunca entraste en la mía fue por ser tú no por ser yo.


Del día que Eugenia nos enamoró a todos.




martes, 4 de abril de 2017

post tenebras lux

sopla el aire directo del lago a mis pulmones. me lo trago. huele a mar. ¡huele a mar y es un lago!
ahora me pica la garganta por la sal y me pica la piel del sol que me quema. me arde el corazón de la emoción de vernos las caras. nos veo desde fuera y sonrío. me desgañito cantando mi canción favorita y me pongo a bailar sola en el maldito centro. me revienta no poder pausar el momento, el instante exacto. se me olvida donde estamos, todos juntos, abrazándonos los cuerpos.
el sol se va poniendo, nos vamos poniendo todos. estamos demasiado lejos ya, y va a ser dificil volver. desde arriba, miramos hacia abajo. qué tristes todos los que no se elevan.
la luz se vuelve naranja y luego rosa. ya estoy flotando y no pertenezco al lugar. miro la calle, miro al lago, abandonándome al aire. derrapo por las curvas de tu cuerpo y vuelvo como la plumita a posarse sobre el muelle. sola. torbellino.

y qué bien se está, joder.


el espectáculo - Lago Lemán




viernes, 3 de febrero de 2017

el dolor

a veces, a veces solo, hay que dejarlo entrar. viene despacito. por debajo de la puerta de tu cuarto, discreto, entre las rendijas de ventilación. sin hacer apenas ruido. hay que dejarlo entrar lentamente.
como el humo que sin querer inunda tus pulmones y te quita la respiracion cosa de un segundo. un segundo eterno comparado con el tiempo que estuviste dispuesta, feliz, agusto.
se va adueñando de ti. te abraza, se esparce. y ya no hay vuelta atrás. el que era pequeñito, se hace grande a tu lado. se hace cargo de que un dia mas decidas no salir del sofa, ni del pijama de la depresión. duerme contigo, sueña por ti.
cuida de ti.
te absorbe el alma de niña pilla que tienes. ese alma radiante se convierte en ceniza.

a veces hay que dejar entrar al dolor, para que arrample con todo, y un día despiertes viendo una luz que te ciega los ojos. y descubras entonces, todo lo feliz que eres.


hmmm.

:)

la lucecita del atardecer de los dias de sol en Ginebra

viernes, 27 de enero de 2017

Sin querer, queriendo

Llegaba siempre tarde a la reunión de los jueves. Y cuando llegaba, se agarraba ansiosa al pedazo de músculo que la mantenia con vida. Sin querer desvelar sus secretos, que eran suyos. Queriendo. Hasta el final. Y cuando tenía que decir adiós, sentía el despiece, parte por parte. Porque lo había contenido tanto, que casi le estallaba entre los brazos. Esos minúsculos brazos de niña. Ese cuerpo de niña. Ese latir de gigante. De animal mitológico.
Cuando por fin lograba despedirse, se le posaba una nube en los hombros, le daba sombra. Casi involuntariamente, ella se volvía gris y apretaba más fuerte. Contenía la respiración como si se estuviese tirando por el acantilado más alto de la cala más bonita de una isla griega. También contenía las lágrimas para poder abrazar el adiós sin ensuciar, y hacer del recuerdo triste, un recuerdo bonito. Una razón para sonreír, para recordar el dolor desde el otro lado. Desde lo salvaje que habitaba en su instinto más primario, hasta la delicadeza de la madre que cuida de los lobos a pesar de no ser suyos.
Se mostraba fuerte al mundo, pero estaba hecha de cristal. Agradecia todos los días su miseria y su suerte. Le enloquecía la adrenalina y el riesgo. Corría a todas partes. Se partía el alma por conseguir llegar más lejos, más tiempo y más arriba. Nunca antes. Siempre tarde.

Brindo a este amor, un amor tan raro... - Verbier, Suiza.

martes, 29 de noviembre de 2016

No es casualidad

No es casualidad que tu nombre empiece por la misma letra que nebulosa. En la que vives. Y es difícil ver a través de ella. Pero allí estas, seguramente en una esquina, a gusto, tomándote un té. Acurrucadita enlazando tus brazos a tus piernas. Porque eres como el sol de invierno, que nadie da por sentado, y todos esperamos ansiosos. Eres verano en cuerpo de invierno. Sobre todo aquí. Donde nos conocimos. Entre montañas. Las que llevas escalando sin cesar desde que te dieron ese empujón hacia el infinito, ese par de piernecitas que sin pensarlo se patearían la muralla china. Llevas más kilómetros a tu espalda, de los que muchos tendremos el placer de poder contar. Mas historias y aventuras que una canción de Sixto Rodríguez.

Para muchos, eres también religión y no por fanatismo, nada más lejos, si no por cómo eres casa y hogar y haces mecer con tus manos nuestro alma, cualquier hora del día y cualquier día de la semana. De ti podría también mencionar como el paseo del lago, con la brisita helada, da un calor que amenaza a los polos. Los osos me han dicho que están asustados, que tienen miedo de que alguien pueda fundir los entornos tan rápido. Eres cambio climático.

Otra cosa que haces, casi sin querer, o al menos conmigo, que soy como tu yo en mi yo, o esa es la impresión que tengo; es sacarte el corazón del pecho, agarrarlo con las dos manos y entregármelo. Sin más, tu órgano más vital a la intemperie y entre mis brazos. Y es un regalo precioso, pero ¡qué responsabilidad! Lo haces con tanta confianza que da miedo. Dan ganas de guardarlo en una cajita y conservarlo para curarlo, pero está mucho mejor bailando al ritmo de cualquier canción a las tantas de la mañana. O alimentándose de la rubia bajo la luna y de cara al mar. Asi que lo dejo salir corriendo, a la velocidad de la luz. De tu luz. Y claro, luego normal que se queme.

Lo que creo que no sabes, o estás dándote cuenta muy poco a poco, es que también eres tsunami, eres ola que vibra, que besa la orilla, y no para de intentar quedarse un poquito más en tierra. No se rinde. Eres isla en este continente que muchas veces carece de contenido. Eres persona y eres. Y ya está.

Pero de lo que estoy cien por cien segura, de verdad, de la buena, es que no es casualidad. No. Esto no ha podido ser casualidad. Imposible.


J

Y no sé, no he hablado de tu sonrisa, pero creo que, mejor simplemente disfrutar de ella- ay el verano en Genève ...!

jueves, 20 de octubre de 2016

el desgarre

Me gustaría arrancarte los ojos para ver eso que ves que es tan triste. Tan triste como octubre. El mes de mi cumpleaños.
Me desgañito en los sueños que tengo de ti. Pero parece que no hablamos el mismo idioma. Y allí, retorcerte el cuello parece una buena idea al lado de quemarme yo. Aplastarte con mis manos y ponerme encima de ti. Borrarte la sonrisa de crío. Hacerte llorar. Vaciarte, comerme lo de dentro y dejarte ahí. A la intemperie. Desnudo. Que te cales los huesos. Que sientas algo. Que reacciones que te muevas de una jodida vez de donde estás. Aunque sea un centímetro. El que nos separa en este espacio casi claustrofóbico. Me abrasa tu presencia, tengo la cabeza volada y es lo que voy a hacer con la tapa de tus sesos.


Y es que sigues ahí pasmado, esperando a que algo pase. Cuerpo inerte. Y me asfixias. Y me ahogo. Y me entran ganas de tirarte por el retrete de Trainspotting. Y sentarme yo a ver cómo te asfixias, y te ahogas mientras consigo odiarte un poco menos.  El desgarre del corazón partío. 



:-)
La Jonction tb es un buen lugar por donde tirarte :)