Qué fácil se pasa el verano y qué rápido. Las borracheras, Europa, los amigos, los amantes, las conversaciones, las risas, las brisas, tu sonrisa. Todo pasa. Muy fácil. Todo termina acabando como no podía ser de otra manera. Porque septiembre ha llegado con su "Oh Dios mío" para quedarse entre nosotros, para recuperarnos de esta resaca que es el verano adolescente, llegan las responsabilidades, la vida rápida, sin frenos. Por que si frenamos nos estampamos con la realidad del "echar de menos" y eso es justo lo que debemos evitar. Obviamente, nunca lo evitamos porque viene a nosotros como una bala, nos dispara y nos desangra. Qué jodidamente buenas eran las noches de verano, pensamos, las lunas llenas, el pueblo, la playa. Y de repente Madrid. Quizás se diga todos los años, pero sí, este ha sido el verano de mi vida, y menos mal que estabas tú y también vosotros para compartirlo conmigo porque pronto se acaba el mundo y con él todas las cosas bonitas. No deseo dejar de abrazaros sólo porque sea septiembre, no me impone, yo voy a seguir estando para los míos, y para todos, y aunque no os conozca os aseguro que os quiero, sí, desde el fondo de mi corazón. Porque el verano es eso y sólo conoce un sentimiento, AMOR.
P.D: sólo añadir que mañana empiezo mi primer año de universidad y no estoy nerviosa, tendré la mejor compañía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario